Un día en la Petite France y la Gran Isla de Estrasburgo

Si, es cierto: es tan bonita como parece en las fotos. La Pequeña Francia, es realmente pequeña: 1 km2 de extensión. Sus calles y sus casas son típicas de la zona: estructuradas en madera, y sin cimientos, puedes apreciar en ellas el “peso” del tiempo.

Todas las guías aconsejan visitar la catedral, situada al sureste de la isla. Caminando desde los puentes y guiándote por las torres llegas a encontrate con esta vista:

En ella se encuentra el famoso reloj astronómico construído en 1571, un complicado mecanismo lleno de pequeños detalles que indica desde el tiempo real hasta las fiestas religiosas, pasando por la posición de los planetas y los eclipses.  Cada cuarto de hora se produce un movimiento visible. Cada mediodía cientos de personas entran en la Catedral para ver cómo el mecanismo comienza a mover diferentes personajes.

La entrada es libre, excepto para el movimiento de las 12:30 en el que la catedral se cierra y se necesita entrada. Hay que tener en cuenta también que los domingos y festivos no se permite la entrada.

Otra cosa que merece la pena hacer es dar un paseo en barco por los canales. Los bateaux salen desde el embarcadero de detrás del Palacio de Rohan, muy cerca de la Catedral. El trayecto dura más de una hora y cuarto y cuesta 8 euros. La audioguía está en varios idiomas, incluido el esperanto.

Para comer hay muchas terrazas de brasseries con comida típica, entre la que destaca en el turisteo la Tarte Flambée Alsaciana, o lo que es lo mismo el Flammkuchen en el Sur de Alemania. Es una masa fina, similar a la pizza con cantidades indecentes de nata y bacon. Genial para estómagos españoles que no acostumbran a recibir tanta nata de golpe sin sentido ni razón. Y para beber el Picon Bière, jarabe sabor naranja mezclado con cerveza que un día un inocente me dijo que no llevaba alcohol.

Para los que buscan pescado (si vienes desde Alemania, por ejemplo, y has cruzado la frontera para comer algo con escamas que no sea salmón) lo mejor es ir a uno de los japoneses de la pequeña isla. Al mediodía tienen menús por 12 euros, bebida no incluída. Después de pasearnos por todos comparando menús y precios os puedo decir que los dos más asequibles, y que estuvieron buenísimos son el Iishii y el Mikado.

Si albergábais la ilusión de atracar la pescadería del supermercado antes de iros y volver a…Alemania por ejemplo, siento tener que ser cruel y deciros que quitando palitos de cangrejo y merluza congelada, no hay mucho más que sacar. En este aspecto culinario los alsacianos pertenecen más bien a la Europa de la cerveza y la mantequilla que a la del aceite de oliva y el vino tinto.

Habrá que seguir viendo Bob Esponja o, Spongebob Scwammkopp por estos lares, para ver un calamar.

Un comentario sobre “Un día en la Petite France y la Gran Isla de Estrasburgo

  1. ES UNA CIUDAD BELLISIMA,DIGNA DE PASAR UNOS DIAS PASEANDO POR LUGARES TAN LINDOS,COMO ES LA PETITE FRANCE,LA CATEDRAL DE NUESTRA SEÑORA DE ESTRASBURGO Y DEGUSTAR BUENAS COMIDAS Y VINOS DE ALSACIA

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